Guía completa
El refrigerante es uno de esos líquidos en los que casi nadie piensa mientras el nivel esté correcto. Y sin embargo, en una ciudad con el clima de Albacete, trabaja en serio los doce meses. Lo explicamos estación por estación.
Invierno, la helada
Las mañanas de enero en la llanura manchega pueden amanecer muy por debajo de cero. Un coche que duerme en la calle tiene su circuito de refrigeración expuesto a ese frío durante horas. Si el líquido ha perdido protección anticongelante, ya sea por viejo o porque se ha ido rellenando con agua, puede llegar a congelarse. El hielo ocupa más que el líquido, y el resultado puede ser un radiador reventado, un manguito agrietado o, en el peor caso, daños en el bloque.
Por eso, antes de que llegue el frío, medimos la protección del refrigerante con un comprobador. Es rápido y te dice si estás cubierto o no.
Primavera, el momento tranquilo
Es la mejor época para cambiar el refrigerante si le toca. No hay prisas, el motor no está sometido a extremos y si aparece algo, como un manguito endurecido o un tapón que no cierra bien, hay tiempo de cambiarlo antes del verano. Aprovechamos también para limpiar el radiador por fuera, porque el polvo y los insectos se acumulan entre las aletas y le restan capacidad.
Verano, el calor
Con temperaturas altas, el refrigerante no solo tiene que evitar que el motor se pase de temperatura: además debe resistir la ebullición dentro del circuito. Un líquido degradado hierve antes y protege peor. Los atascos de entrada a la ciudad, las maniobras con el aire acondicionado al máximo o los días de mucho movimiento durante la Feria de Albacete, en septiembre, son situaciones en las que el sistema trabaja al límite.
En viajes largos por autovía, el aire que entra por el frontal ayuda a enfriar. El problema llega al parar: en la gasolinera o en un atasco, el ventilador tiene que hacer todo el trabajo. Si la aguja sube en esos momentos, conviene revisarlo.
Otoño, revisión antes del frío
Cerramos el ciclo repasando el circuito antes de las primeras heladas. Nivel, protección, manguitos, tapón del depósito y funcionamiento del ventilador. Si el refrigerante tiene años, este es el aviso para cambiarlo.
La corrosión, el enemigo silencioso
Además de proteger contra el frío y el calor, el refrigerante lleva aditivos que evitan la corrosión dentro del motor, la bomba de agua y el radiador. Esos aditivos se agotan con el tiempo aunque el líquido parezca limpio. Cuando ocurre, empiezan a formarse depósitos que obstruyen pasos finos y acortan la vida de la bomba. Por eso el fabricante marca un intervalo de cambio, y por eso no basta con mirar el nivel.
Cómo lo cambiamos
Vaciamos el circuito, enjuagamos si hace falta, llenamos con el refrigerante del tipo que especifica el fabricante y purgamos el aire, que es la parte más delicada. Un circuito con burbujas puede dar calentamientos localizados y una calefacción que no calienta. Si al vaciar detectamos que el nivel bajaba por alguna razón, te lo diremos y lo trataremos como una pérdida de refrigerante.