Guía completa

El líquido que casi nadie mira hasta que es tarde

Del refrigerante se acuerda todo el mundo en el concesionario, el día de la entrega, y después pasan 100.000 o 200.000 km sin que nadie vuelva a pensar en él. El problema es que se degrada con el tiempo aunque el nivel se mantenga: pierde su capacidad anticorrosiva y, cuando eso ocurre del todo, empieza a picar por dentro el radiador, la bomba de agua y el termostato — piezas que salen mucho más caras que el propio líquido.

Por qué no vale cualquier anticongelante

Cada fabricante exige una química concreta: G12, G12+, G12++ y G13 para Volkswagen, Audi, Seat, Skoda y Cupra (compatibles entre sí); OAT azul para Toyota, Mazda y parte de Honda; HOAT amarillo para Ford; OAT verde para Hyundai y Kia; fórmulas específicas de PSA para Peugeot, Citroën y Stellantis. Mezclar familias distintas provoca una reacción que precipita partículas y termina obstruyendo el radiador.

Para saber el correcto miramos tres cosas por este orden: el manual del vehículo, la etiqueta del propio depósito de expansión, y si hay dudas, el VIN en diagnosis para confirmar la especificación oficial del fabricante. El color por sí solo no basta como referencia — varía entre marcas y con el tiempo.

Cambio simple o purgado completo

El cambio simple (50-80 €) vacía el depósito y el radiador; queda mezclado un 30% aproximado del líquido antiguo con el nuevo, y es suficiente si se repite cada 4-5 años. El purgado completo (80-130 €) vacía también el bloque motor: es la opción recomendada si nunca se ha hecho, si cambias de tipo de anticongelante o si el sistema está claramente contaminado.

Por qué merece la pena mirarlo antes de un viaje largo

En trayecto urbano corto, el sistema de refrigeración casi nunca llega a exigirse del todo — una fuga pequeña o un refrigerante ya degradado pueden pasar meses sin dar la cara. Con horas seguidas de autovía, aire acondicionado puesto y temperaturas altas, ese mismo margen que faltaba se nota enseguida. Por eso, antes de una salida larga, comprobar el estado del refrigerante —no solo el nivel, también cuánto tiempo lleva puesto— es de las cosas más baratas y más rentables que se pueden revisar.

Señales de que algo no va bien

Temperatura elevada en el cuadro: nivel bajo o termostato atascado. Pérdida visible: fuga en un latiguillo o una junta. Pérdida sin rastro visible: sospecha de junta de culata o intercambiador, un diagnóstico que conviene no demorar. Refrigerante turbio o marrón: degradación avanzada o contaminación con aceite, que pide cambio y revisión a la vez.