Guía completa

Un juego de frenos no dura un número fijo de kilómetros. Depende muchísimo de cómo y por dónde se conduce. Y en la provincia de Albacete hay perfiles de uso muy diferentes, lo que hace que dos coches iguales necesiten frenos con años de diferencia.

Dos coches, dos desgastes

Piensa en un coche que hace a diario la A-31 o la A-30. Muchos kilómetros, pocas frenadas, casi todas suaves al llegar a una salida. Sus pastillas duran mucho; lo que suele preocupar en ese coche es el líquido, que envejece con el tiempo aunque el pedal apenas se pise fuerte.

Ahora piensa en una furgoneta de reparto que sale del polígono de Romica, hace la ciudad entera parando cada cien metros y vuelve cargada. Frena cientos de veces al día, con peso. Esas pastillas y esos discos se gastan bastante más rápido.

Y luego están los vehículos que van al campo: caminos de tierra, polvo, barro en invierno. Ahí el enemigo no es tanto el número de frenadas como la suciedad, que entra en pinzas y guías y acaba agarrotándolas.

Por eso no cambiamos frenos por kilómetros. Los medimos.

Las piezas, una por una

Pastillas. El material de fricción que aprieta el disco. Tienen un espesor mínimo y, en muchos coches, un sensor o una lengüeta metálica que chirría cuando llegan al límite.

Discos. También se gastan, aunque más despacio. El fabricante marca un espesor mínimo grabado en el propio disco. Si está por debajo, o si tiene alabeo, que se nota como vibración en el pedal, toca cambiarlo.

Pinzas y guías. Son las que empujan las pastillas. Si una guía se queda sin grasa o se oxida, la pastilla no se retira bien, se calienta y se gasta por un lado. Es una causa habitual de que el coche se vaya hacia un lado al frenar.

Líquido de frenos. Absorbe humedad con el tiempo. Con humedad, su punto de ebullición baja y, en una frenada larga y exigente, puede formar burbujas y dejar el pedal esponjoso. Se cambia por tiempo, según el fabricante.

Freno de mano. En los coches con freno eléctrico, para cambiar pastillas traseras hay que abrir la pinza con el equipo de diagnosis. No es complicado, pero sin la herramienta adecuada se puede dañar el motor de la pinza.

Calor de verano y frío de invierno

En verano, con temperaturas altas, los frenos trabajan más calientes y un líquido viejo lo nota más. En invierno, la humedad y las heladas oxidan discos y guías, especialmente en coches que pasan días sin moverse. Cuando un coche lleva tiempo parado, es normal oír un roce las primeras frenadas: es el óxido superficial del disco.

Lo que hacemos

Desmontamos, medimos y te enseñamos el estado real. Cambiamos lo necesario, limpiamos y engrasamos guías, y terminamos con una prueba de frenada. Si tu ITV está cerca, también puede interesarte una revisión pre-ITV. Consulta con el taller la disponibilidad para reparar tu vehículo a través de tu seguro de coche. El coste depende del modelo y del estado; pide presupuesto sin compromiso en contacto.