Guía completa

El aceite siempre cae hacia abajo, pero casi nunca sale por donde gotea. Esa es la primera lección que aprende cualquiera que repara fugas: la gota que ves en el suelo puede haber empezado medio metro más arriba y haber recorrido el bloque del motor, una tapa y un soporte antes de caer. Por eso una fuga mal localizada acaba en juntas cambiadas que no tocaba.

Siguiendo el rastro, de arriba abajo

Cuando entra un coche con pérdida de aceite, lo primero es limpiar el motor en la zona afectada. Un motor diésel con muchos kilómetros, algo habitual en Albacete, suele tener años de polvo pegado al aceite viejo, y así es imposible saber qué es nuevo. Con el motor limpio, lo ponemos en marcha, lo dejamos coger temperatura y buscamos el punto húmedo más alto. Ese es el origen. Los sospechosos, en el orden en que los revisamos:

  1. Tapón de llenado y tapa de balancines. La junta de la tapa es de las más comunes. Se endurece con el calor y los años, y deja escapar aceite por los bordes.
  2. Ventilación del cárter y sensores altos. Una válvula de ventilación que no trabaja bien puede meter presión en el motor y empujar el aceite por cualquier junta débil.
  3. Racores del turbo. En motores sobrealimentados, las tuberías de engrase y retorno tienen juntas propias que con el tiempo sudan.
  4. Filtro de aceite y su soporte. Un filtro mal apretado o una junta de soporte vieja.
  5. Enfriador de aceite, si lo lleva. Aquí además de aceite fuera puede haber mezcla con refrigerante.
  6. Retenes del cigüeñal y del árbol de levas. Los delanteros, junto a la distribución, y el trasero, entre motor y caja de cambios.
  7. Cárter y tapón de vaciado. La junta del cárter y la arandela del tapón, que debe cambiarse en cada cambio de aceite.

No todas las fugas son iguales

Una junta de tapa de balancines se cambia en un rato y no lleva mucho desmontaje. Un retén trasero del cigüeñal, en cambio, obliga a separar la caja de cambios, y ahí lo razonable es valorar si el embrague está para aprovechar la intervención. Te lo planteamos antes de empezar, sin sorpresas.

El frío, el polvo y los coches que duermen fuera

Las heladas de los inviernos manchegos castigan las juntas de goma: se encogen y endurecen con el frío, y muchos coches que duermen en la calle manchan más por la mañana. En verano, el calor aprieta y el aceite fluye con más facilidad, de modo que una fuga que parecía pequeña se hace evidente. Y el polvo, que se pega a cualquier rastro de aceite, sirve de chivato: una zona del motor más sucia que el resto suele señalar el problema.

Lo que no debes hacer

No dejes que el nivel baje del mínimo esperando a la próxima revisión. Un motor corto de aceite sufre en cojinetes, turbo y cadena de distribución. Tampoco confíes en aditivos para sellar fugas: a lo sumo esconden el síntoma. Si ves gotas en el suelo, mide el nivel con la varilla con el motor frío y en llano, y pide cita para que lo miremos.