Guía completa

Llega en un remolque o arrancado a duras penas. A veces es el coche del abuelo, guardado durante años en una nave a las afueras o en una casa de campo cerca de Chinchilla de Montearagón. Otras veces es una compra reciente que el dueño lleva tiempo buscando. Todas las restauraciones empiezan igual: con una conversación y una buena lámpara.

Primera fase, saber qué tenemos

Antes de hablar de pintura o tapicería, subimos el coche al elevador y miramos los bajos, los largueros, los pasos de rueda y el piso. El óxido estructural es lo que decide el alcance de todo el proyecto. Un coche con la carrocería sana y la mecánica cansada es un trabajo muy diferente a uno con el piso perforado.

El clima seco de la meseta suele tratar mejor la chapa que el de zonas húmedas o de costa, y es frecuente encontrar clásicos de la zona en un estado aceptable. Pero los coches que han pasado años en el campo, sobre tierra o en cobertizos con humedad, esconden corrosión en las zonas donde se acumula barro. No hay que fiarse de la apariencia exterior.

También revisamos la documentación. Si el objetivo es circular con normalidad, pasar la ITV o tramitar la catalogación como histórico, conviene orientar las decisiones desde el principio.

Segunda fase, el plan

Con el diagnóstico hecho, acordamos contigo qué se hace y en qué orden. Hay quien quiere una restauración completa, con el coche desmontado hasta la última pieza. Hay quien prefiere que funcione bien y sea seguro, y dejar la estética para más adelante. Las dos opciones son válidas. Lo importante es que el plan sea realista y que sepas qué decisiones quedan abiertas, como mantener la pintura original o buscar piezas de época.

Tercera fase, chapa y pintura

Desmontamos, tratamos el óxido hasta llegar a metal sano, sustituimos las secciones que no tienen arreglo y preparamos la carrocería. La pintura se aplica por capas, con sus tiempos de secado. Es la fase más larga y la que menos admite prisas. Si el coche lo necesita, el trabajo está muy ligado a lo que hacemos en pintura completa.

Cuarta fase, mecánica y electricidad

Un clásico que ha estado parado necesita algo más que una batería. Vaciamos el combustible viejo, limpiamos el depósito, cambiamos aceite y líquidos, revisamos frenos, gomas, correas y la instalación eléctrica, que con los años suele acumular empalmes de otras épocas. En muchos casos hay que reconstruir carburadores o revisar el encendido.

Quinta fase, rodaje

Antes de devolvértelo, el coche rueda. Las carreteras rectas de la llanura, sin mucho tráfico, son perfectas para hacer kilómetros de prueba sin estrés. Ajustamos carburación, frenos y dirección hasta que el coche responde como debe.

Lo que te pedimos a ti

Paciencia y conversación. Durante el proceso, te enseñaremos fotos y te consultaremos las decisiones importantes. Un clásico es un proyecto compartido, y nos gusta que el dueño sienta que el coche sigue siendo suyo.