Guía completa
Un año entero de pitidos (y por qué cambian según la época)
Los sensores de aparcamiento viven en el paragolpes, a la altura justa para recibir todo lo que levanta la carretera. En Albacete, el tipo de avería cambia bastante según la estación, y eso nos da pistas cuando un cliente viene con un sistema que no funciona bien.
Invierno: hielo y humedad
Las mañanas de helada dejan una capa fina de escarcha sobre los sensores. Mientras dura, el sistema puede pitar sin obstáculos o dar error de «no disponible». Normalmente desaparece cuando el coche se calienta, y no es una avería. El problema llega cuando esa humedad se cuela en un conector o en un sensor con la carcasa abierta: ahí el fallo se queda aunque luzca el sol.
Si el sistema falla solo los días fríos y luego funciona, cuéntanoslo, porque apunta a un conector o a un sensor con entrada de agua.
Primavera: barro y caminos
Quien usa el coche para ir al campo o por caminos agrícolas lo nota enseguida: el barro se seca sobre los sensores y la detección se vuelve errática. Muchas veces basta con limpiarlos bien. Antes de pensar en una avería, prueba a lavar el paragolpes con cuidado y sin apuntar el chorro a presión directamente al sensor.
Verano: polvo, calor y viento
El polvo fino de la llanura se pega a todo, y con el sol de pleno verano el paragolpes llega a temperaturas muy altas. Los sensores con años de uso pueden empezar a fallar a mediodía y recuperarse por la noche. En las cámaras de marcha atrás, el calor deteriora las juntas y aparece condensación dentro de la lente.
Septiembre: maniobras en zonas concurridas
Con la Feria de Albacete hay más movimiento por la ciudad y es cuando más se agradece un sistema que funcione bien al aparcar en sitios estrechos. Es también una época en la que vemos algún golpe leve de aparcamiento que deja sensores movidos o cables pellizcados.
Lo que hacemos en el taller
Conectamos la diagnosis para ver qué sensor señala el módulo. Después probamos cada sensor uno a uno con el sistema activado: un sensor sano emite una vibración que se nota con el dedo o con un estetoscopio. Si un sensor no responde, medimos su cableado antes de cambiarlo.
Cuando hay que sustituirlo, montamos uno compatible con el original. Si los originales van pintados al color del coche, el nuevo también, con una capa fina para que no pierda sensibilidad. En algunos modelos el módulo necesita codificar el sensor nuevo, y lo hacemos con la diagnosis.
Si el fallo está en la cámara de marcha atrás, revisamos la cámara, el cable que pasa por el portón (que se dobla cada vez que lo abres) y la alimentación.
Antes de venir
Prueba a limpiar los sensores. Si sigue igual, pide presupuesto sin compromiso: el coste depende del modelo y de cuántos sensores haya que revisar.