Guía completa
Lo que hacemos y lo que no
La reprogramación de la ECU es un proceso electrónico delicado que permite actualizar o modificar el software que gestiona el motor. Lo que sí hacemos: actualizaciones oficiales del fabricante, recodificación tras montar una centralita de segunda mano, adaptaciones tras cambiar inyectores o sensores con código propio, programación de una centralita nueva tras restaurar un coche, y codificación de componentes relacionados como llaves o módulos.
Lo que no hacemos: chiptuning de potencia (anula el seguro y no pasa la ITV), eliminación de DPF/FAP o EGR (ilegal, con multas de hasta 6.000 € y motor dañado), eliminación de AdBlue en Euro 6 (el motor entra en modo seguro) y, por supuesto, ningún falseo de kilometraje. Si alguien llega pidiendo algo de esta lista, le explicamos por qué no y le ofrecemos la solución legal al problema real que tiene detrás.
Boletines técnicos: la actualización que casi nadie pide
Los fabricantes publican de forma periódica boletines de servicio técnico con software corregido: comportamiento errático del cambio automático (frecuente en DSG de VAG con software antiguo), consumo elevado por regeneraciones del DPF demasiado frecuentes, tirones a baja velocidad que se corrigen ajustando el mapa de inyección, o avisos erróneos en el cuadro. Algunas de estas actualizaciones son gratuitas bajo campaña del fabricante — merece la pena preguntar antes en el concesionario oficial. Si no hay campaña o el coche está fuera de garantía, lo hacemos nosotros por 150-300 €.
Centralita de segunda mano: el proceso de recodificación
Un caso muy habitual: la centralita original se ha estropeado, el cliente compra una de desguace y nos la trae para activarla. El proceso pasa por leer el VIN original del coche, recodificar la centralita a ese VIN, sincronizarla con los módulos relacionados (inmovilizador, llaves, asistencias) y hacer una lectura completa al final para confirmar que todo funciona. Coste entre 150 y 300 € según marca — mucho más asequible que una centralita nueva, que puede rondar los 1.000-3.000 €.
Adaptaciones que no son opcionales
Algunas piezas llevan un código específico que hay que registrar: inyectores diésel con su código IMA propio, sensor de presión del turbo que necesita adaptación de offset, sensor de árbol de levas o cigüeñal que a veces piden un reaprendizaje de posición, o el caudalímetro en ciertos motores. Sin esta adaptación, el coche no funciona como debería aunque la pieza en sí esté bien montada.
El cargador, un detalle que no es negociable
Durante toda la programación mantenemos la batería con un cargador estabilizador profesional a 13,8 V constantes. Sin él, una caída de tensión a mitad de proceso puede dejar la centralita inservible, con daños que van de 1.000 a 3.000 €. Un taller que reprograma sin cargador adecuado está asumiendo un riesgo que después es difícil de arreglar — es un estándar mínimo en cualquier intervención electrónica seria.