Guía completa
Es una de las quejas más habituales de quien conduce mucho por la llanura: «a partir de cierta velocidad, el volante me tiembla». Por debajo, nada; por encima, otra vez tranquilo. Casi siempre es un problema de equilibrado, y casi siempre se resuelve en poco rato.
¿Qué es exactamente un desequilibrio?
Ninguna rueda es perfecta. El neumático tiene zonas algo más pesadas que otras, la válvula añade unos gramos y la llanta tampoco es exactamente simétrica. Cuando la rueda gira despacio, esa diferencia no se nota. A velocidad de autovía, ese pequeño exceso de peso tira hacia fuera en cada vuelta y genera una vibración que llega al volante o al asiento.
Equilibrar consiste en medir esa diferencia en una máquina que hace girar la rueda y compensarla con pequeños contrapesos en los puntos exactos.
¿Por qué tiembla a una velocidad y no a otra?
Porque cada rueda tiene una frecuencia a la que la vibración entra en resonancia con la suspensión. Por eso mucha gente lo nota en una franja concreta de velocidad. En los trayectos largos y rectos por la A-31 o la A-30, que en esta zona son el día a día de mucha gente, ese rango coincide con la velocidad de crucero y la vibración se vuelve muy molesta.
¿Delante o detrás?
Una pista útil: si la vibración la notas en el volante, lo más probable es que venga de las ruedas delanteras. Si la notas en el asiento o en el suelo, mira las traseras. De todas formas, recomendamos equilibrar las cuatro, porque la diferencia de tiempo es pequeña y evita volver.
¿Qué puede desequilibrar una rueda que estaba bien?
- Un golpe contra un bordillo o un bache, que puede soltar un contrapeso o doblar la llanta.
- Un pinchazo reparado.
- Barro o tierra pegados en la cara interior de la llanta. En coches que entran en caminos agrícolas es más frecuente de lo que parece, y a veces basta con una limpieza a fondo.
- El desgaste del propio neumático con los kilómetros.
¿Y si después de equilibrar sigue vibrando?
Entonces hay algo más. Puede ser una llanta doblada, un neumático deformado por dentro, un amortiguador gastado o una holgura en la dirección. Si en la máquina vemos que la llanta no gira redonda o que el neumático tiene un abultamiento, te lo enseñamos antes de seguir. Y si el coche se va hacia un lado, lo que necesita es alineación, que es un trabajo distinto.
¿Merece la pena hacerlo sin vibraciones?
Sí, en ciertos momentos: al montar neumáticos nuevos, después de reparar un pinchazo, o si haces muchos kilómetros al año. Un desequilibrio leve que no se nota acaba gastando el neumático a parches y cargando rodamientos y suspensión.
El trabajo de las cuatro ruedas suele quedar en menos de una hora. El coste depende del modelo y del tamaño de las llantas; pide presupuesto sin compromiso en contacto.